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Un jerarca nazi logró que Stroessner acepte la construcción de Yacyretá

Hans-Ulrich Rudel, coronel nazi de la Luftwaffe, el protector de Josef Mengele en Paraguay, fue enviado por Perón para negociar con el dictador Stroessner la construcción de la hidroeléctrica.

Andrés Colmán Gutiérrez
@andrescolman

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Una fresca mañana de marzo de 1973, un hombre rubio de traje oscuro, caminando con dificultad por una pierna ortopédica, ingresó a una mansión de Puerta de Hierro, en Madrid, España, donde lo esperaba el derrocado ex presidente argentino general Juan Domingo Perón.

Era el coronel alemán Hans-Ulrich Rudel, héroe de la Luftwaffe durante la Segunda Guerra Mundial, fanático oficial nazi, que recibió de Adolf Hitler la mayor condecoración del Tercer Reich.

Rudel ya había trabajado para Perón desde 1948, como asesor de la Fuerza Aérea argentina y enlace con otros jerarcas nazis, muchos de ellos criminales de guerra prófugos, como el célebre médico Josef Mengele, el Ángel de la Muerte, a quien ayudó a refugiarse en Paraguay, recurriendo a su amistad con el dictador Alfredo Stroessner.

CONTACTO. Aquella mañana de 1973, Rudel fue llevado a Madrid por el empresario y dirigente político peronista argentino Jorge Carrettoni, alto directivo de la consultora Harza, Lahmeyer y Asociados, a la que Perón encargó el diseño del proyecto Yacyretá.

“Arregle primero con Stroessner y después tráigame el contrato de Yacyretá para leerlo”, le dijo Perón a Carrettoni y le sugirió que utilice como lobista o intermediario al coronel nazi Hans-Ulrich Rudel, “porque él es muy amigo de Stroessner”.
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Carrettoni lo cuenta con detalles en su libro De Frondizi a Alfonsín: el BID, Yacyretá, la constituyente (Editorial Catálogos 1998) y la historia es ampliada en nuestro reciente libro Mengele en Paraguay (Servilibro, 2018).

“Rudel fue invitado a participar en representación de Lahmeyer, en calidad de sudamericano ‘influyente’. Tras reunirse con Perón en Madrid, viajó al Paraguay para celebrar una larga sesión privada con Stroessner, de la que salió con aprobación del dictador paraguayo del deseado contrato”, apunta el investigador argentino-norteamericano Uki Goñi, en su libro La auténtica Odessa.

“Al parecer, se le pidió a Rudel que ofreciera sobornos en Paraguay”, agrega.
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AMIGOS. La amistad entre Rudel y Stroessner –al igual que con Perón– venía desde que el dictador paraguayo asumió el poder en 1954 y el aviador visitó Paraguay con el doctor Josef Mengele, buscando hacer ventas para la firma Mengele e Hijos de Alemania.

“Rudel llegó a ser muy cercano a Stroessner: su consejero extranjero, de influencia en cuestiones secretas. Se llegaba hasta Mburuvicha Róga por las tardes y mantenían prolongadas conversaciones con su huésped. Se trataban con la cortesía esencial de los soldados profesionales, vinculados además por la sangre”, destaca el investigador Aníbal Miranda en su libro Stroessner (ÚH, 2004).

En la misma obra, Miranda relata que Stroessner se asoció con Rudel y con otros jerarcas nazis para traficar armas, usando el puerto franco paraguayo en Paranaguá, Brasil, adquiriendo submarinos, tanques, cañones, morteros, ojivas y explosivos de la firma Rheinmetall de Alemania, que luego volvían a vender al Gobierno de Sudáfrica, con exportaciones que alcanzaron su pico en mayo de 1978.

ENERGÍA. Tras ganar las elecciones, Juan Domingo Perón asumió su tercera presidencia en la Argentina el 12 de octubre de 1973. La concreción de la represa hidroeléctrica de Yacyretá era una de sus principales obsesiones.

No pudo ser él quien viaje hasta Asunción a firmar el Tratado de Yacyretá con Stroessner, debido a su deteriorada salud, que en menos de un año le causaría la muerte. Fue su esposa y vicepresidenta, María Estela Isabelita Martínez, quien acudió en su representación y el 3 de diciembre de 1973, en el Salón Independencia del Palacio de López, firmó junto con el dictador paraguayo el histórico documento.

Disimulado entre el público, el coronel Rudel celebraba su exitoso arreglo.

Juan Domingo Perón murió el 1 de julio de 1974. La represa de Yacyretá fue inaugurada en 1998. El presidente peronista Carlos Menem la calificó como “un monumento a la corrupción”. Del costo original estimado en 1.500 millones de dólares, acabó costando 11.500 millones de dólares. Hasta ahora se ignora el paradero de unos 3.500 millones.

Tras esa última gestión, Hans-Ulrich Rudel se retiró a Rosenheim, Alemania, con el dinero que había podido ganar. Falleció a la edad de 66 años, el 18 de diciembre de 1982. Hasta el último día defendió su ideología nazi y su gran admiración por Adolf Hitler. UH

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